Las Sagradas Escrituras
Creemos que los sesenta y seis libros de la Biblia son inspirados por Dios, infalibles, inerrantes y suficientes. La Escritura es nuestra autoridad final para la fe, la adoración y la vida.
Fidelidad a las Escrituras
Nuestra doctrina nace de la Palabra de Dios y encuentra una expresión histórica en la tradición bautista reformada.
01
Recibimos esta confesión como una exposición fiel y subordinada de la enseñanza bíblica. La Escritura, y no la confesión, permanece como nuestra única norma infalible de fe y práctica.
La confesión expresa de manera ordenada las convicciones doctrinales que históricamente han identificado a las iglesias bautistas reformadas.
02
Solo la Escritura es la autoridad infalible para la Iglesia.
La salvación es enteramente un don de la gracia de Dios.
Cristo es el único mediador y fundamento de nuestra salvación.
El pecador es justificado solamente por medio de la fe.
Toda la gloria de la salvación pertenece únicamente a Dios.
03
Este resumen presenta las convicciones fundamentales que creemos, enseñamos y procuramos vivir como iglesia local.
Creemos que los sesenta y seis libros de la Biblia son inspirados por Dios, infalibles, inerrantes y suficientes. La Escritura es nuestra autoridad final para la fe, la adoración y la vida.
Creemos en un solo Dios, eterno, santo y soberano, que existe en tres personas iguales en divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Dios creó todas las cosas de la nada y gobierna soberanamente su creación. Nada ocurre fuera de su decreto sabio, santo y perfecto.
El ser humano fue creado a imagen de Dios. Por la desobediencia de Adán, toda la humanidad cayó en pecado, culpa y corrupción, quedando necesitada de la gracia salvadora.
Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Nació de una virgen, vivió sin pecado, murió como sustituto de su pueblo, resucitó corporalmente, ascendió y reina a la diestra del Padre.
El Espíritu Santo aplica la obra de Cristo, regenera, habita y santifica a los creyentes. Los dones revelatorios y de señales cumplieron una función fundacional en la era apostólica.
La salvación es por gracia solamente, mediante la fe solamente, en Cristo solamente. Dios elige, llama, justifica, adopta, santifica y preserva hasta la gloria a quienes salva.
Cristo es la cabeza de la Iglesia. La iglesia local está formada por creyentes bautizados, se reúne para adorar, edificarse y proclamar el evangelio, y es servida por pastores y diáconos bíblicamente calificados.
Cristo instituyó dos ordenanzas para la iglesia: el bautismo de creyentes por inmersión y la Cena del Señor como proclamación y memoria de su obra redentora.
Dios determina en su Palabra cómo debe ser adorado. El primer día de la semana la iglesia se reúne con reverencia y gozo para leer, orar, cantar, predicar y participar de las ordenanzas.
Quienes han sido unidos a Cristo son llamados al arrepentimiento continuo, la santidad, el amor, las buenas obras, el discipulado y el testimonio fiel en el mundo.
Cristo reina ahora y regresará personal, visible y gloriosamente. Habrá resurrección de justos e injustos, juicio final y estado eterno: vida con Dios para los redimidos y condenación para los impenitentes.